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La Gata Ardiente Capítulo 7 "Avaricia"

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La Gata Ardiente Capítulo 7 "Avaricia"

Mensaje por Glous el Jue Jul 10, 2014 5:39 pm

La Gata Ardiente


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Capítulo 7.

"Es una gran locura la de vivir pobre para morir rico."
Juvenal.

(Edith se sienta junto a Marcela, Violeta se dirige a la puerta que da al jardín.)

Edith: Suegra, escúchame. Todos somos optimistas y confiamos en la voluntad de Dios, pero hay ciertas cosas que deben discutirse y hay que arreglar urgentemente. Existe el peligro de... un desenlace inmediato.

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Gonzalo: Edith, ¿quieres ir a buscar mi cartera a nuestra habitación?

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Edith: ¡Sí!

(Se levanta y sale.)

(Violeta encuentra a Alejandro.)

Violeta: ¿Les oyes? ¿Les oyes?

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(Se acerca a la puerta.)

(Gonzalo sigue conversando con Marcela.)

Gonzalo:  Lo que acabas de decir, no es verdad, y tú lo sabes. A pesar de lo que haya podido parecer... yo siempre he querido a papá. A mi manera, claro. Nunca me ha gustado hacer alarde de mis sentimientos... Y estoy seguro de que él también siente un gran afecto por mí, aunque tampoco lo haya demostrado.

Edith: (Entrando con una cartera.) Aquí tienes tu cartera.

(Se la entrega.)

Gonzalo: ¡Gracias, Edith! Desde luego mis relaciones son muy diferentes a las de Alejandro.

Edith: Tú tienes ocho años más que Alejandro y siempre has soportado más responsabilidades que él... El pobre, no se ha ocupado más que de jugar al fútbol... y de beber...

Gonzalo: Edith, por favor... déjame hablar a mí.

Edith: ¡Perdona!

Gonzalo: Dirigir una hacienda de catorce mil hectáreas, es una gran responsabilidad.

Edith: Y sin ayuda de nadie.

Marcela:¡Pero si tú no has dirigido nunca la hacienda, Gonzalo! ¿Qué estás diciendo? Hablas como si tu padre estuviera ya muerto y enterrado. ¡Dirigir!... Tú no has hecho más que ayudarle en ciertas cuestiones comerciales... cosa que no te ha impedido ejercer la carrera de abogado.

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Edith: Debe usted ser justa con Gonzalo. Desde hace cinco años, es decir, desde que el abuelo empezó a perder la salud, Gonzalo se ha consagrado en cuerpo y alma a la hacienda, y no lo hizo porque fuera su deber, sino que... lo hizo, eso es todo. Y durante ese tiempo ¿qué es lo que ha hecho Alejandro? ¡Vivir de sus glorias pasadas!

(Gonzalo pone una mano sobre la rodilla de Edith para hacerla callar.)

Gonzalo: A los treinta años, Alejandro no es más que un ex-jugador de fútbol fracasado.

(Violeta entra fiera.)

Violeta: Sabes muy bien que él no es un simple ex-jugador de fútbol, sino un cronista deportivo de la televisión. ¡Y uno de los más cotizados!

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(Edith también interviene.)

Edith: Hablaba de su pasado...

Violeta: ¿Sí?... ¡Pues, te ruego que no vuelvas a criticar a mi marido! Ni tú tampoco.

Gonzalo: Oye, Violeta, creo que tengo perfecto derecho a hablar de mi hermano con otros miembros de mi "familia", de la cual tú no formas parte.

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(Dice esto apuntándola con un dedo que ella retira de un manotazo).

Gonzalo: ¿Quieres un consejo? Ve a emborracharte con tu querido marido en el jardín y déjanos en paz.

Violeta: Jamás he visto tanto odio acumulado contra un hermano.

Gonzalo: ¿Y su odio hacia mí? Ni siquiera puede soportar el estar un minuto en la misma habitación que yo.

Violeta: Disfrutáis desprestigiando a Alejandro, y lo hacéis, únicamente por una de las cosas más repugnantes que existen en el mundo: ¡la avaricia!

Marcela: ¡Callaros! ¡Callaros! ¡Voy a explotar de un momento a otro si no os calláis! Violeta, ven a mi lado.

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(Violeta obedece.)

Violeta: ¡Sí, mamá!

(Gonzalo se dirige al bar.)

Edith: ¡Qué conmovedora escena familiar! ¿Ya sabe usted, Marcela, por qué Violeta no tiene hijos? Porque el magnífico atleta de su marido no quiere dormir con ella.

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(Mira significativamente a Gonzalo.)

(Gonzalo habla desde el bar.)

Gonzalo: Edith, ¿quieres dejarme solucionar este asunto a mí solo? ¡Creo que tengo derecho! (Se acerca a Marcela.) No sé si mi padre me ha querido, me quiere o me querrá algún día. ¡No me importa! Lo único que quiero es apelar al sentido común... ¡Hablemos francamente de una vez!...

(Mira hacia la puerta donde está Alejandro.)

Gonzalo: He soportado siempre la predilección que mi padre demostró por Alejandro desde el día que nació. Cualquiera que haya visto la manera con que me trataba, habría creído que yo era un ser repulsivo.

(Se vuelve hacia su Madre.)

Gonzalo: Pero ahora, lo único que pido, es un reparto de bienes equitativo, y estoy dispuesto a conseguirlo. Si no lo obtengo... (Dirigiéndose a Violeta.) Si vosotros tramáis una sucia maniobra a mis espaldas, piensa que para algo soy abogado... Apelaré a la Ley y sabré proteger mis intereses.

(Se oye un trueno lejano y el ruido del viento entre los árboles.)

(Alejandro entra en la sala.)

Alejandro: La tormenta se acerca.

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Gonzalo: Mi querido hermano se digna unirse a nosotros.

(Edith irónica.)

Edith: ¡Vaya... vaya!... ¡El gran atleta ha sido herido durante un partido!

(Se oye un gran trueno.)

Gonzalo Sí, sería jugando a los bolos.

Edith: O emborrachándose de whisky.

(Otro trueno.)

(Violeta se lanza sobre Edith dándole una sonora bofetada.)

Violeta: ¡Cállate, Edith! ¡No te consiento que hables así de mi marido!

(Edith se precipita sobre Violeta y la abofetea, a su vez Gonzalo intenta separarlas torpemente. Una empleada atraviesa la sala corriendo. Se oyen voces.)

Empleada: ¡La tormenta! ¡Ya la tenemos encima! ¡Cerrad las puertas!

(Gonzalo se asoma preocupada al jardín y da ordenes a la empleada.)

Gonzalo: !Sube la capota de mi coche!

Empleada: ¡Sí, don Gonzalito!

Gonzalo: Mamá, necesito estar mañana por la mañana en Nueva York para defender un pleito.

(Edith, sentada en el sofá, saca violentamente los papeles de la cartera.)

Edith: ¡Aquí están los papeles!

Gonzalo: Por eso me veo obligado a abordar este asunto que...

Edith: ...que es muy importante y urgente y que debemos resolver cuanto antes.

Gonzalo: Si Alejandro estuviera sereno, también debería asistir a esta conversación, pero se encuentra en un estado que... Así que su presencia sólo será indispensable en el momento que exponga mi proyecto.

Violeta: Alejandro está presente, los dos estamos presentes.

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Gonzalo: Bien, entonces. Mamá, quiero que conozcas este acta que hemos redactado mi jefe y yo.

Violeta: Conque se trataba de eso ¿eh? ¿Quieres apoderarte de todo y quedarte como dueño absoluto de la hacienda?

Gonzalo: La redactamos en cuanto conocimos el resultado de los análisis. Nos asesoró el presidente del Banco. Como sabes, es el
Banco que administra el dinero de las principales familias de la región.

Marcela: ¡Gonzalo!

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Gonzalo: ¡Claro que no se trata de un proyecto definitivo! Es una base de discusión. Un punto de partida que puede mejorarse...

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(Mueve los papeles que tiene en la mano.)

Violeta: (Irónica.) Sí, ya me figuro en qué sentido puede mejorarse.

(Un relámpago ilumina, la escena y se oyen nuevos truenos cada vez más cerca. La luz de la habitación parpadea.)

Edith: Es un proyecto para impedir que la mayor hacienda de la región vaya a parar a manos de un irresponsable.

Marcela: ¡Callaros! Estoy harta de vuestras intrigas y vuestras maldades. En cuanto a ti, Gonzalo, guarda inmediatamente esos papeles, si no quieres que los tire al fuego. No sé, ni me interesa saber, lo que contienen, pero voy a hablaros con el mismo lenguaje con que lo haría vuestro padre. Aún soy su esposa. Fijaos bien en que he dicho su esposa, no su viuda. Ya lo sabéis.

Gonzalo: Mamá, lo que acabo de...

Edith: Se trata solamente de un proyecto.

Marcela: Es posible, pero me niego a conocerlo. ¡Proyectos, actas, disposiciones! ¿Sabéis lo que contesto yo a todo eso? Que nadie tomará decisiones en esta casa mientras viva en ella vuestro padre, y si por desgracia le ocurriera algo, yo también tendré derecho a opinar. Tendréis que contar conmigo antes de hacer nada. Y os advierto que estoy decidida a probaros que existo.

(Se oye un retumbar de un trueno fortísimo. El ruido de cristales al romperse. Gritos de animales asustados. Llanto de los niños. Ruidos de puertas que se cierran. La tormenta aumenta en intensidad. Edith sale de la habitación.)

(Gonzalo se precipita por otra puerta y se dirige a una de las empleadas.)

Gonzalo: Lleva mi coche al garaje por si llueve.

Empleada: ¡No puedo, señor; tiene usted las llaves!

Gonzalo: ¡No, hombre, las tienes tú!

(Sale corriendo. Vuelve a entrar para llamar a Edith.)

Gonzalo: Edith, ¿sabes dónde están las llaves del coche?

Edith: Te las guardaste en el bolsillo.

(Salen los dos. Se oye ladrar a los perros. Se oye poco a
poco la tormenta parece alejarse. Violeta se sienta en el sofá. Disminuyen los ladridos de los perros. Se oye la voz de Edith calmando dulcemente con los niños.)

Marcela: ¡Alejandro! ¡Ven ...te necesito! (Alejandro se acerca a su Madre, que a su vez se dirige a Violeta mientras los mira a ambos.)

Marcela: Mírale, esta noche tiene el mismo aspecto de cuando era niño y jugaba como un loco en la pradera que hay detrás de la casa. Yo le llamaba a gritos, pero él se negaba a oírme y seguía jugando. Cuando al fin volvía a casa, entraba sudando y con las mejillas enrojecidas por la excitación.

(Se oye un trueno lejano y el llanto de los niños.)

Marcela: ¡Qué de prisa pasa el tiempo! Nada puede detenerlo. La muerte llega demasiado pronto... antes de que se haya uno acostumbrado a vivir. Antes de que se haya podido conocer la vida, se encuentra uno cara a cara con la muerte. Debemos querernos y estar siempre unidos. Muy unidos... sobre todo ahora que una terrible desgracia se cierne sobre nuestra casa.

(Se oye el aullido de un perro.)

Marcela: ¡Oh, Alejandro! ¡Tu padre te quiere tanto!... ¡Si pudieras hacer realidad el sueño de toda su vida! Si antes de dejarnos, suponiendo que nos vaya a dejar, le dieras un nieto que se pareciera a ti, tanto como tú te pareces a él...

(Sigue aullando el perro.)

Violeta: Sí, esa ha sido siempre la ilusión de tu padre...

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Marcela: Su mayor deseo... ¡Alejandro, Alejandro, moriría más tranquilo!


FIN

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 7 "Avaricia"

Mensaje por Gloria el Miér Jul 16, 2014 12:11 am

A ver si esto último que dijo Marcela, hace reaccionar por fin a Alejandro y empieza a tener una vida normal con su esposa y llegan a tener ese hijo tan anhelado por todos.

Pero que desgraciado es Gonzalo, todavía ni muere su padre y ya tiene todo planeado para que pasa a sus manos cuando la única con derecho a todo será la viuda, su madre.

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 7 "Avaricia"

Mensaje por Glous el Jue Jul 17, 2014 9:15 am

Gloria escribió:A ver si esto último que dijo Marcela, hace reaccionar por fin a Alejandro y empieza a tener una vida normal con su esposa y llegan a tener ese hijo tan anhelado por todos.

Pero que desgraciado es Gonzalo, todavía ni muere su padre y ya tiene todo planeado para que pasa a sus manos cuando la única con derecho a todo será la viuda, su madre.


Pues si, la avaricia de Gonzalo es inaceptable, más con su padre moribundo... Esperemos que en el capítulo 8 y final, Alejandro reaccione aunque puede pasar cualquier cosa...
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 7 "Avaricia"

Mensaje por Gloria el Vie Jul 18, 2014 12:43 pm

Ya el gran final? Qué pronto pero que bueno porque ya quiero saber en que termina todo esto, si Alejandro reacciona y es feliz por fin con Violeta o si se acaba de tirar a la desgracia, yo creo que si hiciera esto último, todos o la mayoría, llegarían a pensar que sí amo a Pedro y no soportó su muerte, aunque en realidad es el sentimiento de culpa el que no lo deja ser.
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 7 "Avaricia"

Mensaje por EduLin17Xever el Lun Oct 06, 2014 12:25 am

Que capítulo la de hoy que me chute, sinceramente Gonzalo me cae mal por ser tan ambicioso como su esposa Edith. Violeta hizo bien en no dejarse y Marcela estaba preocupada por todo lo que pasa.

Alejandro espero se dé cuenta que en la vida tiene una esposa que de verdad lo ama y venera, un padre que lo quiere y madre preocupada. Que su vida tiene sentido. Es increíble en toda la historia gire en un día.

Ya el final es el siguiente y con gusto pues a leerlo.

Saludos.Smile
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 7 "Avaricia"

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