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La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

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La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

Mensaje por Glous el Dom Jun 22, 2014 4:56 pm

La Gata Ardiente


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Capítulo 4.

"Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos."
Confucio.



(Se oye el teléfono.)

Marcela: ¿No oís el teléfono? Yo lo he oído desde el otro extremo de la casa y...

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Federico: No tenías necesidad de pasar por aquí, para ir a contestar, Marce.

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(Sale Marcela. Desde el pasillo llega su voz hablando por teléfono.)

Marcela: ¿Cuñada?...

(Alejandro se acerca cojeando a la puerta de la galería. Federico aguanta sus carcajadas.)

Federico: ¿A dónde vas, Alejandro?

Alejandro: A respirar un poco de aire.

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Federico: Espera, aún no hemos terminado.

Marcela: (Al teléfono.) Sí... Sí, todos nos alegramos mucho de que vengas, Cuñada. Federico, también. Sí... Sí; se alegrará mucho...

Federico ¿Qué me alegraré mucho?

Marcela: Bueno, adiós Cuñada... ¡Adiós!... (Entra en la habitación.) Era tu hermana.

Federico: Ya te dije que no quería que pasaras por aquí.

Marcela: Ha llamado para decirme que le había preguntado a su doctor lo que eran espasmos del píloro y que ya estaba más tranquila (Al ver la cara de Federico.) Ya me voy... Ya me voy... ¡Qué prisa!

(Antes de salir se acerca a la cama para recoger el regalo de Alejandro.)

Marcela: Pero dime que no pensabas las cosas que me has dicho antes. ¡Han sido horribles! ¿Verdad que no las sentías? Estoy segura de que no las sentías... ¡Adiós!

(Sale de la habitación.)

Federico: Cuando tu madre sale de una habitación y la veo de espaldas, me olvido enseguida de su cara, pero cuando vuelve y la veo de nuevo, pienso que sería preferible verla siempre de espaldas.

(Todo esto lo dice riéndose, con grandes carcajadas. Desde fuera se oye la voz de la Marcela que pregunta:)

Marcela: ¿De qué os reís? ¡Decídmelo!

Federico: No creo que te hiciera mucha gracia, Marce. ¡Dios mío! ¿Cómo podrá una persona llegar a ser tan cargante? Sí, hijo; ahora estoy dispuesto a ser feliz, muy feliz, el tiempo que me quede de vida.

(Continúa riendo. Se ahoga y empieza a toser. Se apoya en el hombro de su hijo y luego se levanta vacilante y va hacia el bar para coger un vaso. Bebe y parece que se le calma la tos. Alejandro le mira con lástima y se levanta trabajosamente.)

Federico: ¿Por qué estás tan nervioso, Alejandro?

Alejandro: Estoy esperando algo que no acaba de llegar.

Federico: ¿El qué esperas?

Alejandro: El chasquido...

Federico: ¿Eh?

Alejandro: Una especie de chasquido que siento en la cabeza cuando ya he bebido lo suficiente. Es lo único que me devuelve la paz...

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Federico: ¿ Un chasquido?

Alejandro: Sí. Es automático, como si fuera...

Federico: ¿Cómo si fuera...?

Alejandro: ...el de un interruptor que apagara la luz cegadora y ardiente del día, e inundara mi ser, con la frescura y la calma de la noche. Sólo entonces, consigo la serenidad que necesito.

(Mira tristemente a su padre.)

(Con gesto de asombro se acerca a Alejandro y le abraza.)

Federico: ¡Dios mío! ¡No sabía que fuera tan grave! ¿Te das cuenta, Alejandro de que estás alcoholizado?

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Alejandro: Sí.

Federico: Yo tengo la culpa, por haber dejado que las cosas llegaran a este extremo.

Alejandro: Ahora ya lo sabes.

Federico: No te vayas.

Alejandro: Pero, ¿no te das cuenta de que esta conversación, como tantas otras, no va a conducirnos a nada?

Federico: No importa. (Le quita la muleta y la arroja al otro extremo de la habitación.) ¡Así no podrás andar!

Alejandro: Pero, puedo arrastrarme por el suelo...

Federico: Quizá tengas que arrastrarte, pero será para salir de la hacienda. Y una vez fuera de ella estoy seguro que no tardarás mucho tiempo en cometer una locura.

Alejandro: Tienes razón. No creo que tarde en llegar ese momento.

Federico: ¡Pues yo no quiero que llegue nunca! Hijo mío, cuando se deja este mundo, es indefinidamente y con rumbo desconocido. Yo creí que me había llegado ese
momento... pero ahora que estoy seguro de mi propia suerte, voy a ocuparme de la tuya. No te muevas.

Alejandro: ¡Siempre dices que me tienes que hablar y, sin embargo, nunca tienes nada que decirme!

Federico: ¿Llamas tú no tener nada que decir a que te asegure que voy a seguir viviendo cuando, hasta hace un momento, me creía a dos pasos de la muerte?

Alejandro: Parece que te has montado sobre el caballo de un tiovivo. Giras, giras a toda velocidad sin saber cuándo vas a pararte.

Federico: ¡No te consiento que me des lecciones, estúpido!

(Dice esto mientras le arranca la muleta a Alejandro. Éste cae al suelo.)

Alejandro: ¡Ay!

(Entra Marcela muy excitada.)

Marcela: ¿Por qué gritáis de ese modo? ¿Qué ocurre?.

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Federico: ¡Fuera de aquí! ¡Déjanos solos!

(Marcela sale sonriente y gimoteando.)

Alejandro: (En voz baja.) ¡Dios mío!...

Federico: Sí, ¡Dios mío! ¡Tú lo has dicho!...

Alejandro: Dame la muleta.

Federico: (Tirando la muleta lejos del alcance de Alejandro.) Antes tendrás que decirme por qué bebes...

Alejandro: No lo sé...

Federico: ¡Contesta! ¿Por qué te emborrachas como un cerdo?

Alejandro: ¿Quieres hacerme el favor de darme la muleta?

Federico: ¡Contesta a mi pregunta! ¿Por qué desperdicias tu vida, como si fuera algo repugnante que hubieras recogido de la calle?

(Alejandro está de rodillas.)

Alejandro: Papá, he pisado con el pie herido y me duele mucho.

Federico: ¡Me alegro! Eso prueba que el alcohol no te ha embrutecido por completo.

Alejandro: Dame un vaso de whisky, lo necesito...

Federico: Si contestas a mi pregunta, en seguida te serviré el whisky.

Alejandro: Quieres saber por qué bebo, ¿no es eso?

Federico: Sí. ¿Por qué?

Alejandro: Dame un trago y te lo diré.

Federico: Antes, habla...

Alejandro: Te lo diré con una sola palabra.

Federico: ¿Qué palabra es esa?

Alejandro: ¡Asco!

(La campana del reloj de la chimenea suena dulcemente otra vez. Federico mira el reloj.)

Alejandro: ...y ahora... ¿me das el whisky?

Federico: ¡Asco! ¿Qué es lo que te da asco? ¡Explícate mejor!...

Alejandro: Ya te lo he dicho. ¡Bebo para matar el asco que siento!

Federico: ¿Asco de qué?

(Alejandro avanza y cae en brazos de su padre.)

Alejandro: ¡Eres cruel, no tienes compasión de mí! ¡Dame la muleta!

(Federico le sostiene y le habla dulce.)

Federico: Lamento que me creas cruel, Alejandro. ¿Tanta necesidad tienes de beber?

Alejandro: Más que eso...

(Federico le da golpes en la espalda para consolarle.)

Federico: Si te doy un vaso de whisky ¿prometes contármelo todo?

Alejandro: Sí. Lo intentaré.

(Federico llena un vaso y se lo alarga. Pausa mientras Alejandro bebe con ansiedad.)

Alejandro: ¿Sabes qué es la mentira?

Federico: Creo que sí. ¿Te ha mentido alguien?

(Se oyen los gritos de los niños: "¡Queremos ver al abuelo, queremos ver al abuelo!")

(Gonzalo aparece en la puerta.)

Gonzalo: ¡Papá, los niños te están llamando, quieren verte!

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(Federico contesta brutalmente.)

Federico: ¡Largo de aquí, Gonzalo!

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Gonzalo: ¡Perdón! No creí que estorbase.

Federico: ¡Largo! (Cerrándole violentamente la puerta en las narices.)

Federico: Hijo. ¿Quién te ha mentido? ¿Tu mujer?

Alejandro: No... Eso no me importaría.

Federico: Entonces ¿Quién te ha mentido?

Alejandro: No se trata de una sola persona, ni de una sola mentira. Son muchas cosas juntas.

(Federico arranca el vaso de las manos de Alejandro.)

Federico: ¡Yo sí que podría hablarte de la mentira! Piensa en las muchas que he tenido que soportar. Piensa en toda esta comedia. Por ejemplo: fingir que quiero a tu madre, cuando desde hace cuarenta años no puedo sufrir su presencia, ni el sonido de su voz, ni el calor de su cuerpo. Fingir que quiero a Gonzalo, a la estúpida de su mujer, y a sus cinco engendros y, sin embargo, nunca he podido soportarles.

(Un espasmo de tos le hace agarrarse el estómago y caer sentado en una silla. Su voz es más ronca y profunda.)

Federico: En cambio a ti, no sé por qué, te he querido siempre. Sí, siempre. Tú y mi triunfo como plantador, sois las únicas compensaciones que me ha dado la vida. Esa es la verdad. La única verdad. No puedo explicarte el por qué; pero es así. Yo he vivido fingiendo siempre. ¿Por qué no haces tú lo mismo? Debemos contentarnos con eso, ya que no existe otra cosa. Tienes que intentarlo, Alejandro.

Alejandro: Sí. Existe otra cosa.

Federico: ¿Cuál?

Alejandro: (Vaciando el vaso de un trago.) ¡Esta!

Federico: Eso no es vivir. Es evadirse, desperdiciar la vida.

Alejandro: (Bebiendo de nuevo.) Pero es que yo quiero evadirme, desperdiciar mi vida.

Federico: Alejandro. Hace algún tiempo, cuando creí que me iba a morir, pensé en ti. Si debía o no dejarte como único heredero de la hacienda. Nunca me llegué a decidir. Despreciaba a Gonzalo y a la estúpida de su mujer. ¿Por qué tenía que regalar 14.000 hectáreas de terreno, las más ricas y fértiles, a unas personas que despreciaba? Pero por otro lado pensaba: ¿Por qué tengo que enriquecer, aunque lo quiera, a un imbécil embrutecido por el alcohol? ¿Por qué he de dejárselo todo a una gente indigna de poseerlo?

Alejandro: Te comprendo, papá.

Federico: Pues eres más inteligente que yo. Te confieso que yo, aún no he conseguido tomar una decisión. Por eso no he hecho testamento. Afortunadamente ahora, ya no corre prisa. Ahora puedo esperar, y a ver si logras recobrarte.

Alejandro: Haces bien. (Va hacia la puerta.) Y ahora ¿por qué no salimos a ver los fuegos artificiales que están quemando en tu honor?

(Alejandro se apoya en la puerta. En el cielo se ven brillar los relámpagos, verdes, rojos y amarillos de los fuegos artificiales.)

Federico: Espera un momento, Alejandro...

(Su voz baja de tono; con cierta timidez y podría decirse que de ternura.)

Federico: Hoy no debemos pararnos aquí. Hoy debemos abordar problemas serios. Esos problemas que en nuestras conversaciones anteriores hemos tratado de evitar, porque nos faltaba el valor de afrontarlos.

Alejandro: ¡Yo no te he mentido nunca!

Federico: ¿Y yo, te he mentido alguna vez?

Alejandro: No, pero jamás hemos hablado con sinceridad.

Federico: Podemos hacerlo ahora.

Alejandro: No creo que nos quede mucho que decirnos.

Federico: Vamos. Tú pretendes hacerme creer que bebes para matar en ti el asco que te produce la mentira.

Alejandro: Pediste una razón y yo te la he dado.

Federico: ¿Y el alcohol es el único remedio?

Alejandro: Por ahora, sí.

Federico: Pero no antes, ¿ verdad?

Alejandro: No, antes no. Antes era joven y tenía fe... Aún creía en algo.

Federico: ¿En qué creías, Alejandro?

Alejandro: Ni siquiera lo sé. Creía simplemente. Confiaba en... algo.

Federico: No sé lo que tú entiendes por creer o confiar en algo; Alejandro, si aún te queda un mínimo deseo de vivir, te aconsejo que vuelvas a tu trabajo. Reemprende tus actividades en la televisión...

Alejandro: ¿Para qué? ¿Para tener que describir desde una cabina los partidos en los que yo no puedo tomar parte?... ¿Para que me muera de envidia viendo a mis compañeros olvidarse de todos sus problemas cuando juegan, mientras yo me veo obligado a tener que recurrir a esto... (Levanta su vaso.) para olvidarme de los míos?

Federico: Tratas de justificarte. ¡Todo eso no son más que pretextos! ¡El asco, la mentira... No lograrás convencerme!

Alejandro: Me has pedido una explicación.

Federico: Pero no me la has dado. (Pausa.) Empezaste a beber cuando murió tu amigo Pedro
.
(Hay un silencio durante unos instantes, después Alejandro hace un movimiento brusco para alcanzar su muleta.)

Alejandro: ¿Qué insinúas?

Federico: Yo no insinúo nada.

(Alejandro se aleja cojeando hacia la puerta, pero Federico continúa hablando de prisa para que le oiga antes de salir.)

Federico: Pero Gonzalo y Edith sí han insinuado varias veces que existía algo raro en vuestra...

(Alejandro se para bruscamente.)

Alejandro: ¿Algo raro?...

Federico: Sí. Algo fuera de lo normal en tu amistad con...

Alejandro: ¿También ellos? Yo creí que solamente Violeta...

(La indiferencia que Alejandro ha demostrado desde principio de la escena se ha roto; de su frente ha empezado a manar un sudor frío, su respiración se ha vuelto fatigosa y su voz se ha hecho más ronca. La escena ha cambiado completamente de cariz. Ahora Federico es el que aparece tranquilo y toda su fiereza se ha trasladado a Alejandro.)

Alejandro: ¿Quién se ha atrevido a insinuar eso? ¿Tú, quizá?... ¿Quién más ha pensado en esta casa que entre Pedro y yo?...

Federico: ¡Cálmate!...

Alejandro: ¡Tú también lo crees! Por eso nos has destinado a Violeta y a mí esta habitación...

Federico: ¡No digas tonterías! Hijo, a lo largo de mi vida, he visto muchas cosas... y estoy en situación de poderlo comprender todo. Cuando llegué aquí no poseía nada, ni siquiera mis zapatos tenían suelas... Salté de un tren de mercancías a un kilómetro de aquí y me tumbé a dormir en un carro de algodón. Con esto quiero decirte que puedo comprender que...

(Alejandro corta violentamente.)

Alejandro:¡Pedro ha muerto, pero yo no he dejado de comer, sigo con mi vida!

Federico: No, no has dejado de comer. Pero empezaste a beber.

(Alejandro apoyándose en la muleta, da una vuelta rápida y estrella el vaso que tiene en la mano contra la pared.)

Alejandro: ¿Ves como también lo crees?...

Federico:¡Shhhhhh!...

(Se oyen pasos en la galería y luego la voz de una mujer que pregunta qué ha ocurrido. Federico se acerca a la puerta y contesta:)

Federico:¡No ha pasado nada! ¿Es que yo no puedo romper un vaso si quiero?

(Alejandro está muy violento.)

Alejandro: ¿Verdad que todos creéis en esta casa que Pedro y yo éramos...?

Federico: ¡Cállate!

Alejandro: Es lo que pensáis todos...

(Cae de rodillas, sin notar el daño que se hace. Luego, acercándose a la cama, se levanta trabajosamente.)

(Federico le ofrece su mano dulcemente.)

Federico: ¡Dame tu mano!

Alejandro: ¡No! ¡No necesito tu mano!

(Federico se acerca a él afectuosamente para ayudarle.)

Federico: Yo, en cambio, sí necesito que tú me des la tuya. Estás sudando como si acabaras de jugar un partido.

(Alejandro intenta liberarse levanta lentamente la cabeza.)

Alejandro: ¡Estoy escandalizado! ¡Me horrorizas! ¡Me horrorizáis todos!

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(Vuelve la espalda a su padre.)

Alejandro: Habláis todos tan a la ligera sobre ciertas cosas que... prefiero irme. Sí, quiero irme lejos de aquí, muy lejos...

Federico: ¿Adónde, Alejandro?

Alejandro: Donde sea, pero lejos... Donde no vuelva a veros más.

Federico: Yo he vuelto hoy de un lugar muy lejano. ¡Del reino de la muerte! Ya no puede escandalizarme nada de cuanto vea ni cuanto oiga.

(Se adelanta hacia la ventana y contempla el vacío.)

Federico: Siempre he procurado crear un vacío a mi alrededor. Un vacío que me aislara de la opinión del mundo. Y en mi plantación no cultivé únicamente algodón, sino algo más hermoso: la tolerancia.

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(Alejandro haciéndole caso omiso al dolor se levanta poderoso y coge la muleta.)

Alejandro: Entre Pedro y yo, no existía más que una limpia y sincera amistad, hasta el día en que a Violeta se le metió en la cabeza...

(Federico abre los ojos sorprendido.)

FIN

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

Mensaje por Gloria el Mar Jun 24, 2014 2:20 am

Qué capítulo más intenso, por fin Federico ha tomado el verdadero papel de Padre y ha insistido hasta lograr conocer el sufrimiento de Alejandro y por lo visto, me doy cuenta que acerté cuando pensé que eso que dividía a Violeta de Alejandro era que ella pensó que Pedro era gay y creo que en verdad lo era y que tal vez él si estaba enamorado de Alejandro pero él solo lo quería como amigo, como hermano y que si quería a Violeta pero cuando ella insinúo que Alejandro y Pedro eran amantes, seguro Alejandro sintió que ella lo echó a perder todo, que lo ensució todo y Pedro que sí estaba enamorado de Alejandro, se suicidó y con ello el rencor por Violeta se apoderó de Alejandro

En espera del siguiente capitulo
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

Mensaje por Glous el Mar Jun 24, 2014 7:19 am

Gloria escribió:Qué capítulo más intenso, por fin Federico ha tomado el verdadero papel de Padre y ha insistido hasta lograr conocer el sufrimiento de Alejandro y por lo visto, me doy cuenta que acerté cuando pensé que eso que dividía a Violeta de Alejandro era que ella pensó que Pedro era gay y creo que en verdad lo era y que tal vez él si estaba enamorado de Alejandro pero él solo lo quería como amigo, como hermano y que si quería a Violeta pero cuando ella insinúo que Alejandro y Pedro eran amantes, seguro Alejandro sintió que ella lo echó a perder todo, que lo ensució todo y Pedro que sí estaba enamorado de Alejandro, se suicidó y con ello el rencor por Violeta se apoderó de Alejandro

En espera del siguiente capitulo

Quizás vayas muy bien encaminada tocaya, y explicaría muchas cosas, la cosa esta muy intrigante, a ver lo que sucede, gracias por comentar, 1beso!!  Very Happy 
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

Mensaje por Gloria el Mar Jun 24, 2014 11:16 pm

Olvidé comentar que me sorprendió mucho la confesión de Federico de que no quiere y solo finge querer a su esposa, a su otro hijo y a sus nietos, en cambio Marcela si parece quererlo y mucho donde le aguanta tantas cosas.

Me da pena con Federico que cree que no morirá todavía, creo que cuando lo descubra no se los perdonará que le hayan mentido.
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

Mensaje por Aleja Soto el Miér Jun 25, 2014 10:40 pm

Qué bueno leer un nuevo capítulo de esta historia Glous, me gusta mucho por esa dureza, esos diálogos tan profundos e impactantes. Me gustó mucho este en particular por la conversación entre padre e hijo. Se me hizo muy curioso que ambos cambiaran de una actitud calmada a violenta y viceversa, pero eso se debió a que Federico tomó su rol de padre con Alejandro y aunque noto entre ellos un acercamiento físico, creo que a la vez están bastante separados e intentaron a través del diálogos acercarse y eliminar ese distanciamiento.

Ya se hace más evidente que entre Pedro y Alejandro había una relación de amistad demasiado fuerte que llegó a ser confundida con una afectiva.

Espero el siguiente cap. Smile

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

Mensaje por Glous el Jue Jun 26, 2014 4:32 am

Aleja Soto escribió:Qué bueno leer un nuevo capítulo de esta historia Glous, me gusta mucho por esa dureza, esos diálogos tan profundos e impactantes. Me gustó mucho este en particular por la conversación entre padre e hijo. Se me hizo muy curioso que ambos cambiaran de una actitud calmada a violenta y viceversa, pero eso se debió a que Federico tomó su rol de padre con Alejandro y aunque noto entre ellos un acercamiento físico, creo que a la vez están bastante separados e intentaron a través del diálogos acercarse y eliminar ese distanciamiento.

Ya se hace más evidente que entre Pedro y Alejandro había una relación de amistad demasiado fuerte que llegó a ser confundida con una afectiva.

Espero el siguiente cap. Smile

Me alegra que te siga gustando Aleja, y esta es la idea para esta historia, los extremos dramáticos de los personajes, en breve subo el siguiente  Smile  1beso!

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"La Gata Ardiente"

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

Mensaje por EduLin17Xever el Lun Sep 29, 2014 10:10 pm

En el capítulo de hoy no salio "La Gata Ardiente".

Vaya que cosas pasan en una charla de padre e hijo y en eso viene todo el secreto alrededor. Lo que más se pone intrigante es cuando Federico le dice a Alejandro que piensan que Pedro y él son gays que amigos. Que formas de pensar tiene ese viejo rabo verde, jejejeje.

Que capitulo Glous.Smile

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

Mensaje por Glous el Mar Sep 30, 2014 7:42 am

EduLin17Xever escribió:En el capítulo de hoy no salio "La Gata Ardiente".

Vaya que cosas pasan en una charla de padre e hijo y en eso viene todo el secreto alrededor. Lo que más se pone intrigante es cuando Federico le dice a Alejandro que piensan que Pedro y él son gays que amigos. Que formas de pensar tiene ese viejo rabo verde, jejejeje.

Que capitulo Glous.Smile

Gracias Edu!! Very Happy
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 4 "Revelaciones"

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