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La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

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La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

Mensaje por Glous el Jue Mayo 15, 2014 4:22 am

La Gata Ardiente


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Capítulo 3.

"Por miedo nos quedamos sin contemplar los fantásticos paisajes que hay más allá de la frontera del temor."
Glous.

Alejandro: Si no, nunca lo hubiera intentado.

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(Marcela interviene rápidamente.)

Marcela: ¡Abuelo, apaga las velas del pastel!

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Violeta: Yo propongo un brindis por el cumpleaños del abuelo...

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(Federico esta furioso.)

Federico: ¡Y yo propongo que os calléis de una vez! ¡Basta de idioteces!

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(Marcela enfrenta a su esposo.)

Marcela: ¡No te consiento que hables así el día de tu cumpleaños!

Federico: ¡Hablaré así, siempre que me de la gana, sea mi cumpleaños o no! ¡Y el día que a alguien no le guste mi manera de hablar, ya sabe lo que tiene que hacer... Largarse, largarse de esta casa!

Marcela: No sabes lo que dices.

Federico: Y tú, Marce... ¿sabes alguna vez lo que quieres decir? ¡No! ¡Y lo que es peor es que jamás has sabido lo que estabas diciendo!

Marcela: Estoy segura de que no sientes nada de lo que dices.

Federico: ¡Pues sí, lo siento! Hasta ahora he soportado todas vuestras mezquindades, porque creía que me iba a morir... (Marcela hace un gesto.) ...¡Sí, sí, y también lo creías tú y lo creían todos ¡Confiesa que creías que me iba a morir!... ¡Confiésalo! Estabas segura de que tenía una horrible enfermedad y que no iba a durar mucho tiempo. Por eso dabas órdenes en la casa y en la plantación como si ya todo fuera tuyo. Yo te veía andar de un lado para otro, oía tu voz chillona por todos los rincones y... callaba... ¡Pero ahora!...

Marcela: Por favor, Federico... ¿Qué va a pensar el reverendo?...

Federico: ¡Me importa un carajos lo que pueda pensar!

Marcela: Nunca te he visto tan excitado. ¿Qué te ocurre?

Federico: ¿Qué qué me ocurre?... He soportado que me hagan cientos de análisis. ¿Y sabes por qué?... Para saber con certeza quién iba a ser el dueño de esta casa dentro de unos
meses. Pero ahora lo sé. ¡Yo, yo seguiré siendo el único dueño de la plantación! ¡Métete esto bien en la cabeza, Marce! De ahora en adelante, como siempre, el único que dará órdenes en esta
casa, seré yo. Ese ha sido mi mejor regalo de cumpleaños... ¡Y este es mi pastel!... ¡Este mi champaña!... ¡Y esta mi fiesta!... ¡Yo fui quien levantó la plantación!... Yo era el capataz del viejo rancho. Tuve que abandonar la escuela y ponerme a trabajar en los campos de algodón. ¡De ese modo es como llegué a ser el capataz de la hacienda! Y cuando el viejo murió, me asocié a Ojeda. Fue entonces, cuando todo esto empezó a crecer y a crecer, extendiéndose cada vez más, hasta que se convirtió en la mayor plantación de la región. Ahora sé que lo único que tengo son espasmos del píloro, y sé también que esos espasmos han sido producidos por los disgustos, la hipocresía y las mentiras que me han rodeado durante estos treinta años. Ya lo sabes, Marcela. Y ahora... ya puedes soplar las velas del pastel... ¡Anda, sóplalas!

Marcela: ¡Qué cruel eres!

Federico: ¡Cruel!...

Marcela: Sí, ahora lo veo claro... Nunca has creído... Mejor dicho, nunca has querido creer que yo te amaba de verdad.

Federico: ¡Hummm!

Marcela: ¡Pues sí! Siempre, desde que nos casamos, te he querido con locura... A pesar de tus groserías y de tus modales... Amaba, incluso, tu odio y tu dureza...

(Se levanta y sale rápidamente, llorando.)

Federico ¡Tendría gracia... que fuera verdad! (Pensamiento)

Más Tarde...

Federico: ¡Alejandro!... ¡Alejandro!...

(Federico está solo en la habitación ante el pastel de cumpleaños, con todas las velas encendidas. Alejandro aparece en
la puerta apoyándose en la muleta. Violeta le acompaña.)

Federico: A ti no te he llamado, Violeta, Quería hablar a solas con Alejandro.

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Violeta: No pensaba quedarme, suegro.

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(Violeta sorprende y besa a Alejandro en la boca para despedirse de él, y sale de la habitación; Alejandro se limpia los labios con el dorso de la mano. Están solos
Alejandro y Federico.)

Federico: ¿Por qué has hecho eso?

Alejandro: ¿El qué?

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Federico: ¿Por qué te has limpiado la boca, como si en vez de besarte te hubiera escupido?

Alejandro: No sé... Lo he hecho... inconscientemente.

Federico: ¡Es curioso! Tu mujer es mejor y más atractiva que la de Gonzalo y, sin embargo... hay algo en ellas que las hace parecer iguales...

Alejandro: ¿Qué es?

Federico: No sé cómo explicarlo... Pero... Las dos tienen la misma expresión, la misma inquietud.

Alejandro: Les falta serenidad. Parecen dos gatas excitadas.

Federico: Sí, sí. Eso; eso es. Son como dos gatas...

Alejandro:...que estuvieran sobre un tejado ardiendo.

Federico: ¿Pero qué les producirá ese nerviosismo constante... Esa extraña inquietud?...

Alejandro: Muy sencillo. Viven en medio de una gran plantación de catorce mil hectáreas y las dos se han propuesto adjudicarse la mayor parte de la misma cuando tú ya no existas.

Federico: ¡Adjudicarse! Pues si es así, les tengo reservada una sorpresa que no van a tardar mucho en conocer. No pienso cederles mis tierras tan fácilmente.

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Alejandro: ¡Bien hecho! ¡Déjalas que se arranquen los ojos!

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Federico: Puedes estar completamente seguro de que eso es lo que pienso hacer. Voy a sentarme cómodamente y me divertiré viendo cómo se sacan los ojos esas dos hijas de
perra.

(Se ríe estrepitosamente y suelta el cigarrillo.)

Federico: ¡Bah!... ¡Este cigarro me produce náuseas! Hay que reconocer que la mujer de Gonzalo es una buena hembra. ¡Qué fertilidad, Dios mío! Esta noche ha sido necesario añadir otra mesa para que pudieran cenar todos sus hijos. Ya son cinco y...

Alejandro: Sí, y el sexto está en camino...

Federico: Es infatigable!... ¡Calla! ¡Calla! Me parece que están escuchando detrás de la puerta.

Alejandro: Sí.

Federico: (En voz baja.) ¿Quién será?

Alejandro: Alguien que se interesa por nuestra conversación.

Federico: ¿Gonzalo?,  ¡Gonzalo!

(Tras una discreta pausa aparece Edith por la puerta.)

Edith: ¿Llamaba usted a Gonzalo?

Federico: ¡Ah! ¿Eras tú?

Edith: ¿Quiere algo de él?

Federico: No. ¡No necesito nada de él, ni de ti! Lo único que quiero es que me dejéis tranquilo mientras hablo con mi hijo Alejandro... Y dejo las puertas abiertas porque hace mucho
calor, pero si es necesario cerrarlas para poder hablar, las cerraré aunque me ahogue. Odio a la gente que escucha detrás de las puertas. ¡Dejadme en paz de una vez! ¿Me oyes, Edith?

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Edith Suegro, yo...

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Federico: Te he visto, no mientas.

Edith: Es que...

Federico: ¡Estabas espiándonos!

(Edith llora falsamente.)

Edith: ¿Por qué es usted tan cruel con los que le queremos de verdad?

Federico: Un día voy a hacer que os echen de la habitación que ocupáis al lado de ésta. Lo que aquí ocurre entre Alejandro y Violeta, no os importa. Os pasáis las noches escuchando todo lo que hablan, para ir luego a contárselo a Marcela. ¡Me dais asco, asco! ¡La hipócrita ésta!

(Edith vuelve la cara sollozando y cierra los ojos como una mártir. Luego saca un pañuelo, se limpia, y sale con grandes gemidos.)

Alejandro: ¿Escuchan todo lo que hablamos?

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Federico: Sí. Y luego se lo cuentan a tu madre para que ella, a su vez, me lo cuente a mí. Le han dicho... que tú no quieres dormir con Violeta, y que por eso te acuestas en ese sofá. Si ya no la quieres, ¿por qué no te separas de ella? ¿Qué estás haciendo?

Alejandro: Servirme un whisky.

Federico: Alejandro, creo que bebes demasiado.

Alejandro: Sí.

Federico: ¿Sabes que por eso has perdido tu empleo de cronista deportivo en la televisión?

Alejandro: Sí.

(Sonríe a su padre a través del vaso.)

Federico: Escúchame bien, hijo, ¡Y deja de jugar! Vivir es muy importante... muy importante. Y el hombre que bebe desperdicia su vida. No lo sigas haciendo, hijo mío... Disfruta de ella el mayor número de años posible... Ven, siéntate aquí, a mi lado. No me obligues a levantar la voz. En esta casa hasta las paredes oyen.

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(Alejandro cojeando va a sentarse a su lado.)

Alejandro: Está bien, papá.

Federico: ¿Cómo has podido llegar a caer en este estado? ¿Una desilusión?... ¿Un fracaso?...

Alejandro: No lo sé. ¿Lo sabes tú?

Federico: ¡Si lo supiera no te lo preguntaría!

Alejandro: Un día me di cuenta de que tenía la boca pastosa... como si estuviera llena de algodón; no podía articular palabra y...

Federico: abandonaste el terreno.

Alejandro: Sí, lo abandoné...

Federico: Hijo...

Alejandro: ¿Qué?...

(Federico fuma profundamente y luego expulsa el humo. Se lleva una mano a la frente.)

Federico: Siempre que fumo con exceso me duele la cabeza.

(Se oyen las campanas de un reloj.)

Federico: ¿Por qué será tan difícil que dos personas hablen con sinceridad?

Alejandro: ¡Es verdad!

(El reloj sigue sonando suavemente hasta completar diez campanadas.)

Alejandro: El sonido de ese reloj me hace mucho bien. Me tranquilizan sus campanadas. ¿Tienes ganas de confidencias esta noche?

Federico: Sí. El hombre es el único animal que tiene conciencia de que va a morir, pero eso no le hace ser mejor ni más caritativo que el resto de los animales.

(Arroja la muleta de Alejandro sobre la cama.)

Federico: Sí, Alejandro. La bestia humana sabe que tiene que morir ¿y sabes lo que hace?... Comprar, comprar, comprar. Porque tiene la absurda esperanza de que entre esa montaña de cosas inútiles que compra, se encuentra la vida eterna. ¡Qué equivocados están!

(Alejandro se levanta y se dirige hacia el bar.)

Federico: Durante estos últimos meses he vivido como una sombra. Sin pronunciar palabra; durante horas y horas permanecía sentado en un sillón contemplando el espacio... Una sola idea me atormentaba... ¡La muerte! Pero hoy la he alejado de mí. Incluso me parece que esta noche el cielo ha cambiado de color. Por eso hablo, hablo...

Alejandro: Yo prefiero el silencio...

Federico: ¿Por qué?

Alejandro: Es lo que más me tranquiliza.

Federico: Ese silencio, que ansías, hijo mío, te llegará demasiado pronto, antes de lo que quisieras. Alejandro, ¿has sentido alguna vez miedo?

(Se levanta y va a cerrar la puerta.)

Federico: Espera un momento. Voy a cerrar aquí.

(La cierra como si fuera a revelar un gran secreto.)

Alejandro: ¿Qué te ocurre?

(Federico lo observa emocionado.)

Federico: Alejandro. Yo sé lo que es tener miedo. Más que miedo, pánico. Sí, lo he sentido crecer dentro de mí durante todos estos meses. Cuando creía tener...

Alejandro: ¿Cuándo creías tener...?

Federico: ¡Cáncer!...

Alejandro: Pues lo has disimulado muy bien.

Federico: Una bestia puede aullar cuando ve que se acercan a matarla, pero un hombre debe callarse. Las bestias tienen más ventajas que los hombres. ¿Qué tal me sentaría un whisky?

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Alejandro: Bien.

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Federico: Tú no sabes, hijo mío, cómo se ha despejado el horizonte para mí desde esta tarde cuando he hablado con el doctor.

(Alejandro le ofrece un vaso que Federico vacía de un trago.)

Alejandro: ¿Te encuentras mejor?

Federico: Sí. ¡Ahora respiro! Toda mi vida ha sido como un puño cerrado. Un puño que golpeaba, que aplastaba, que empujaba... Pero ahora siento la necesidad de abrir las manos y tocar con ellas, dulcemente, todo lo que antes no me era posible... ¡Quiero acariciar la vida con mis manos!

(Eleva las manos al aire como si quisiera acariciarlo.)

Federico: ¿Sabes en lo que estoy pensando?

Alejandro: No.

Federico: En el placer... Te extraña, ¿verdad?... Pues sí. Pienso en el placer de acariciar a una mujer joven... ¿Qué te parece? A mis años y aún siento el deseo de acariciar a las mujeres. He desperdiciado tantas ocasiones durante estos años de esclavitud... ¿Y sabes por qué? Por escrúpulos... Por conveniencias. Por eso, ahora, no debo perder un solo minuto de mi vida. La sombra de la muerte me lo ha hecho comprender, y ahora que esa sombra ha desaparecido...

Alejandro: ¿Ha desaparecido?...

Federico: Quiero divertirme. Durante cuarenta años he tenido que soportar a tu madre por guardar las apariencias. Pero ahora...

(Alejandro lo observa pensativo y triste sabiendo que el final para su padre es inminente y el propio interesado no es consciente.)

FIN

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

Mensaje por Gloria el Jue Mayo 15, 2014 6:00 pm

Vaya, el viejo explotó y qué de otra les queda a los demás sino es que consentirlo, aguantarlo, considerarlo? Pues es la última voluntad.

Seguimos con la intriga de que será lo que separa a Alejandro de Violeta, tendrá que ver el hecho de que no tengan hijos? Tal vez sea uno de los motivos que los separan o quizá sea al revés, no han tenido hijos porque ellos están separados desde hace tiempo. Lo que sí es cierto es que hay algo que no me ha gustado de Violeta, cuando habla mal de su cuñado y su concuña, les critica que quieren la herencia del abuelo y ella cae en lo mismo poniéndose a la alltura de ellos, creo yo, no se, que eso para nada ayuda a la reconquista de Alejandro su marido, más bien es como si eso lo molestara y cada vez le cayera peor

Veremos que pasa en el siguiente capítulo
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

Mensaje por Glous el Dom Mayo 18, 2014 3:37 pm

Gloria escribió:Vaya, el viejo explotó y qué de otra les queda a los demás sino es que consentirlo, aguantarlo, considerarlo? Pues es la última voluntad.

Seguimos con la intriga de que será lo que separa a Alejandro de Violeta,  tendrá que ver el hecho de que no tengan hijos? Tal vez sea uno de los motivos que los separan o quizá sea al revés, no han tenido hijos porque ellos están separados desde hace tiempo. Lo que sí es cierto es que hay algo que no me ha gustado de Violeta, cuando habla mal de su cuñado y su concuña, les critica que quieren la herencia del abuelo  y ella cae en lo mismo poniéndose a la alltura de ellos, creo yo, no se, que eso para nada ayuda a la reconquista de Alejandro su marido, más bien es como si eso lo molestara y cada vez le cayera peor

Veremos que pasa en el siguiente capítulo

Pues si, Violeta quizá quiere adjudicarle a Alejandro un trofeo que ni quiere ni quizá le corresponda, a Alejandro le importa poco la herencia, bueno a Alejandro le importa un bledo el mundo me parece a mi, parece complicado llegar al fondo del asunto que los separa, y más aún poder solucionarlo, por otro lado son situaciones propias de la vida real, esto pasa en las mejores familias, y eso lo que quería transmitir, lo de Federico es complicado, la pena, la ocultación a veces es mucho pero que decir la verdad.

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

Mensaje por Aleja Soto el Lun Mayo 19, 2014 8:29 pm

Me gusta mucho esta historia Glous, no sé cómo decirlo. Mientras leo, siento que es muy agradable, muy ligera, pero sobre todo, el ambiente en que se desarrolla es muy armónico Smile

Veo que a pesar de la crueldad y del carácter tan fuerte que posee Federico, es un ser humano como cualquier con miedos y temores. Me parece muy mal por parte de él la manera e que trata a Marcela, pues ella es una buena esposa.

En cuanto a Edith, pues me gustó que Federico la descubriera escuchando tras la puerta y la pusiera en su lugar. De verdad que ella es hipócrita, pero así como dijo Federico tanto ella como Violeta tienen en común que se parecen a un par de gatas.

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

Mensaje por Gloria el Miér Jun 11, 2014 12:19 pm

Cuando publicarás el nuevo capítulo, tocaya?
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

Mensaje por Glous el Miér Jun 11, 2014 5:11 pm

Gloria escribió:Cuando publicarás el nuevo capítulo, tocaya?

En breve tocaya, lo tengo todo preparado, ya no quedan muchos capítulos para al final, así que en breve afrontamos la etapa final de "La Gata Ardiente" he tenido algunos contratiempos debido al trabajo, pero en breve podréis seguir disfrutando de esta historia, mis disculpas, 1beso!
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

Mensaje por Gloria el Sáb Jun 14, 2014 2:49 pm

Ay que bien y que rápido ya en la recta final, me intriga mucho saber el motivo que separa a la gata ardiente de su marido, así que al ratico vengo para ver si ya está publicado, leerlo, disfrutarlo y comentarlo  Very Happy 
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

Mensaje por EduLin17Xever el Dom Sep 14, 2014 5:07 pm

Wow La trama de Marcela y Federico es la misma que la de Violeta y Alejandro.

Tal parece que las intrigas se deben a todo esto por Federico, bien anunciando su muerte y tanto para hacer cosas indebidas, si tratamos de verlo por un lado quiere morir siendo capaz de haber cometido pecado y Alejandro pues al menos lo veo centrado.

Bueno le daré seguimiento próximamente. Saludos.Smile

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 3 "El Miedo"

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