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La Gata Ardiente Capítulo 2 "Un Juego Peligroso"

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La Gata Ardiente Capítulo 2 "Un Juego Peligroso"

Mensaje por Glous el Miér Mayo 07, 2014 7:18 am

La Gata Ardiente


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Capítulo 2.

"Cuando el dolor es insoportable, nos destruye; cuando no nos destruye, es que es soportable."
Marco Aurelio.

Marcela: Violeta, aquí hay algo que no marcha bien. Tú no tienes hijos, y Alejandro bebe... Bebe demasiado desde hace algún tiempo.

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(La vuelven a llamar.)

Marcela: ¡Ya bajo, ya bajo!

(Se acerca de nuevo a la puerta pero se vuelve para decir.)

Marcela: Cuando un matrimonio naufraga, la causa está aquí y no en otra parte.

Violeta: Es usted injusta conmigo... ¡Injusta!

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(Marcela se marcha triste. Violeta se dirige al tocador, se contempla en el espejo y hablando para sí misma dice.)

Violeta: ¡Violeta! ¡Violeta, la Gata! ¡Dime qué debo hacer!... ¡Dímelo!...

(Se abre la puerta del cuarto de baño y aparece Alejandro.)

Alejandro: ¿Y mi madre?

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Violeta: Se ha ido.

(Alejandro lleva en la mano un vaso vacío. Se dirige al bar directamente silbando por lo bajo. Violeta le sigue, moviendo la cabeza, sin volver el cuerpo. Está pendiente de todos sus movimientos por el espejo. De pronto se lleva una mano a la garganta como si tuviera dificultad para respirar y se deja caer en la banqueta del tocador.)

Violeta: ¡Alejandro!... Alejandro, he pensado mucho sobre todo lo ocurrido entre nosotros. Nuestro amor no se ha extinguido lentamente, como ocurre en todos los matrimonios. El nuestro cesó bruscamente... De golpe... Y estoy segura de que algún día se reanudará del mismo modo... Completamente segura. Yo he de hacer todo lo posible para lograr que así ocurra. Por eso debo continuar cuidándome, para que me encuentres atractiva cuando vuelvas a mirarme como me miran los demás hombres... ¡Mírame, Alejandro!... Soy joven... ¡El tiempo no ha dejado sus huellas en mí...! ¡Nada ha cambiado desde entonces!...

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(Su voz se ha convertido en una melodía. Alejandro vuelve la mirada hacia ella. Por fin Alejandro ha logrado captar su atención.)

Violeta: ...desde que me conociste. Los hombres vuelven la cabeza cuando paso por la calle. La semana pasada, cuando fui a la ciudad, me dejaban pasar y lanzaban silbidos de
admiración. En el golf... En el restaurante... En los almacenes... Cuando fui al cocktail que dio Alicia en honor de su primo, Enrique Sánchez, ya sabes a quien me refiero, me seguía a todas partes. Tuve que encerrarme en el tocador y darle con la puerta en las narices.

Alejandro: ¿Por qué no le hiciste caso?

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(Violeta lo observa triste.)

Violeta: Debí hacérselo... pero no pude.

Alejandro: Enrique Sánchez fue un gran futbolista y ya sabes que tiene mucho dinero. Debiste abrirle la puerta.

Violeta: Estoy dispuesta a no darte ningún motivo para que puedas pedir la separación.

Alejandro: No tengo intención de separarme de ti, Violeta, pero me tranquilizaría que te volvieras a enamorar de otro hombre.

Violeta: No quiero exponerme a ese peligro. Prefiero continuar sobre tu tejado ardiente. Además, para tramitar la separación hace falta dinero, y tú no tienes un peso... Por lo menos hasta que se muera tu padre, aunque no creo que tarde mucho tiempo.

Alejandro: ¿Por qué estás tan segura de eso? Ya has oído lo que ha dicho mamá: el diagnóstico ha sido negativo.

Violeta: Eso es lo que cree ella, porque estaba delante cuando el doctor leyó al abuelo el resultado de los análisis. Pero era falso. Pero cuando el abuelo se haya acostado
piensan decirle a ella toda la verdad. La enfermedad está muy avanzada. No tiene remedio.

Alejandro: ¿Y él no sospecha nada?

Violeta: Los enfermos nunca sospechan la verdad. Nadie se atreve a decirles: va usted a morirse y no podemos hacer nada. Siempre se les engaña, porque siempre se espera
un milagro. Hasta el último momento se conserva la esperanza de que el milagro se realice. El sueño de todos los seres humanos es vivir eternamente. Pero la mayoría creen que la eternidad está en la tierra y no en el cielo...

(Se ríe de su discurso.)

Violeta: Bien, ya sabes toda la verdad...

(Encuentra los cigarrillos y enciende uno.)

Violeta: Este es el último cumpleaños que celebra el abuelo, pero no creas que somos los únicos que lo sabemos en esta casa. Edith y Gonzalo fueron los primeros que telefonearon a la clínica. Por eso se plantaron aquí con sus cinco monstruos... ¿Sabes por qué?... Porque el abuelo aún no ha hecho testamento. Nunca ha querido hacerlo. Así es que su presencia aquí sólo tiene un objetivo: demostrarle por todos los medios que tú eres un borracho y que yo no tendré nunca hijos. Ya sabes que yo siempre he sentido un gran cariño por tu padre...

Alejandro: Sí, lo sé.

Violeta: Siempre le he admirado, a pesar de sus groserías, porque él es como es y no se avergüenza. Es un granjero y el dueño de la mejor plantación de Colombia y, sin
embargo, continúa tan sencillo y modesto como en los tiempos en que sólo era aquí el capataz de la Hacienda... Y hoy, al pensar que es su último cumpleaños y que dentro dé poco va a morir... A morir. ¡Es horrible, Alejandro!... ¡Horrible!

(Fuera se oyen las voces de los niños y de los mayores que entonan a coro la canción de cumpleaños: "Happy birthday".)

Violeta: ...pero debemos hacer frente a la realidad. Se necesita dinero para cuidar de un enfermo como tú, sin fuerzas para trabajar, y yo estoy dispuesta a conseguirlo, luchando contra todo y contra todos.

Alejandro: No debes preocuparte por mí.

Violeta: Pero, Alejandro, somos dos personas que están en una misma barca que se hunde. Debemos cuidar el uno del otro... y necesitaremos dinero, Alejandro.

(Alejandro se encoge de hombros sin interés.)

Violeta: ¿Quién va a pagar tu whisky? ¿O es que te conformarás con beber Coca-Cola? Edith y Gonzalo están haciendo todo lo posible para que tu padre te desherede. Nosotros
debemos interponernos en sus planes y ganarles la partida... ¡Y podemos ganársela, Alejandro! Durante mi vida, hasta que me casé contigo, he conocido la pobreza más horrible. ¡Tú no puedes saber lo que es eso! Supón que te vieras obligado a andar kilómetros y kilómetros con el tobillo roto para conseguir una gota de whisky y que, además, no tuvieras una muleta en la que apoyarte. Entonces quizá comprenderías lo que es la privación. Sí... Todo lo que yo poseía, entonces, se reducía a un par de vestidos desechados por el resto de los parientes ricos. Mi padre bebía. Mi pobre madre, para salvar las apariencias, se vio obligada a vender lo poco que nos quedaba. El día de nuestra boda tuve que llevar el traje de novia de una tía de mi madre...

(Alejandro ha salido a la escalera. Se oye desde abajo la voz de un peón que le saluda.)

Voz: ¿Qué tal, don Alejandro?

(Alejandro levanta el vaso como contestando a la pregunta mientras Violeta le sigue hablando.)

Violeta: ...Cuando se es joven se puede soportar la pobreza... pero cuando se llega a cierta edad, es necesario tener dinero. Ser viejo y pobre es un suplicio insoportable. Hay que ser joven y rico, Alejandro, esa es la única verdad que cuenta... Ahora tengo trajes, joyas, y quiero luchar para conservarlo todo. He pensado mucho en todo lo ocurrido y sé el momento preciso en que me equivoqué: fue cuando te dije la verdad sobre Pedro. Fue un error, un gran error. Nunca debí contártelo.

Alejandro ¡No vuelvas a hablarme de Pedro!

Violeta: Es preciso que comprendas que entre Pedro y yo...

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(Alejandro la interrumpe violento.)

Alejandro: ¡Ten cuidado, Violeta! ¡Ten cuidado con lo que dices! No insistas en mezclarte en un asunto en el que nadie tiene derecho a inmiscuirse. Es un juego peligroso... ¡Demasiado peligroso!

Violeta: Peligroso o no, debo seguir adelante. Es preciso que hablemos de una vez y para siempre. Es preciso que te diga todo, todo lo que llevo dentro, te guste o no oírlo.

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(Alejandro corre hacia la escalera.)

Alejandro: !Niños! ¡Decidle a todo el mundo que suba de prisa. Tía Violeta tiene una historia que contarnos!

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(Se oye la voz de los niños que preguntan desde abajo: ¿Qué quieres, tío Alejandro?)

Violeta: Te advierto que no servirá de nada. Si suben seguiré hablando delante de todos. Les diré toda la verdad.

Alejandro: ¡Juliana! Dile a toda la familia que suba enseguida...

(Vuelve a entrar y avanza durante las siguientes frases, hacia Violeta, sosteniéndose en los muebles y con la muleta en alto como electrizado, muy violento.)

Violeta: ¡Ten cuidado, Alejandro, con lo que haces...! ¡Ya te he dicho que seguiré hablando delante de todos! No cometas una locura.

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(Alejandro avanza amenazador.)

Alejandro: ¡Cállate, Violeta, cállate! ¿No ves que podría matarte si quisiera?

Violeta: ¿Y crees que me importaría mucho?

Alejandro: Tuve la suerte de conocer en mi vida una cosa hermosa y sincera, y tú pretendiste, y sigues pretendiendo, mancharla con tus mentiras.

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Violeta: ¡Eso no es verdad, Alejandro...! No es verdad.

Alejandro: No me refiero a tu amor, Violeta, sino a mi amistad con Pedro. Era una amistad entre hombres, completamente pura y limpia... Y tú... tú la manchaste, Violeta.

Violeta: No quieres comprenderme, Alejandro. Y el pobre Pedro...

Alejandro: Me casé contigo, Violeta. Nunca lo hubiera hecho si hubiese sido un...

(Violeta echa la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados. Alejandro intenta golpearla con la muleta y falla el golpe.)

Violeta: No me acertaste, lo siento. No sé por qué la gente se empeña en aparentar lo que no es. ¡Nadie es completamente bueno! Yo sé que no soy buena. Tampoco
me han dado ocasión para serlo... Alejandro... Tu amigo Pedro ha muerto y yo estoy viva. Violeta, la Gata, está viva... Viva...

(Ante la provocación, Alejandro intenta golpearla nuevo con la muleta y ella evita el golpe agachándose. Se parapeta detrás de la cama y coge una almohada para defenderse de
los golpes de Alejandro. Éste cae al suelo en su esfuerzo por alcanzarla. Una niña entra en la habitación. Lleva la cabeza adornada con plumas, como un indio piel roja, y una pistola en la mano. Dispara en dirección a Violeta gritando: "¡Pan, pan, pan!". Se oyen risas desde abajo. Violeta que también está en el suelo, se levanta furiosa.)

Violeta: ¡Niña, tu madre, o quien te esté educando, ¿no te ha enseñado que se llama antes de entrar en una habitación?

Niña: ¿Qué haces en el suelo, tío Alejandro?

Alejandro: Intentaba matar a tu tía, pero fallé el golpe.

Violeta: Dale la muleta a tu tío, se rompió el tobillo anoche al saltar unas vallas.

Niña: ¿Y por qué saltabas las vallas, tío Alejandro?

Alejandro: Porque en otro tiempo podía hacerlo, y a las personas mayores les gusta hacer las mismas cosas de cuando eran jóvenes, sin querer darse cuenta de que ya no pueden...

Violeta: Tu tío tiene razón. ¡Anda, haz el favor de marcharte!

(La sobrina vuelve a disparar la pistola, en dirección a Violeta.)

Violeta: ¡Monstruo!

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(Le arranca la pistola de la mano y la tira por la escalera. Diana la contesta con la crueldad propia de los niños:)

Diana: Eres una envidiosa, tía Violeta. ¡Tienes celos de mamá porque tú no puedes tener hijos!

(Sale corriendo. Violeta la persigue hasta la puerta y cierra ésta de un portazo. Luego se queda recostada en ella, jadeante. Pausa larga, Alejandro ha llenado uno de sus vasos
y se ha sentado en la cama.)

Violeta: ¿Te das cuenta, Alejandro? Hasta los niños me echan en cara que no tengo hijos. ¡Es horrible!

(Pausa. Se oyen voces que suben por la escalera.)

Violeta: El otro día fui a consultar a un doctor de la capital... Me examinó detenidamente y no encontró ninguna razón para que no tengamos hijos... Y ahora es el mejor momento,
Alejandro. ¿Me entiendes?... ¿Me has oído?

Alejandro Sí, te he oído, Violeta. Te he oído.

(Se vuelve y la mira fijamente.)

Alejandro: Pero, ¿Cómo piensas tener un hijo con un hombre que no puede soportarte a su lado?

Violeta: Ese es el problema que tengo que solucionar. Tiene que existir una solución y estoy dispuesta a encontrarla...

(Los habitantes de la mansión llegan a la habitación.)

Violeta: ¡Ya están aquí!

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(El primero en entrar es Federico. Un hombre alto y de mirada dura. Sus movimientos son lentos para no delatar su debilidad, su enfermedad, o quizá para ocultársela a sí mismo.)

Federico: Hola, Alejandro. Buenas noches.

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Alejandro: Buenas noches y feliz cumpleaños.

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Federico: ¡Bah, tonterías!...

(Se oyen voces que se acercan por la escalera. Gonzalo y el padre Tomás, aparecen por la misma. Se paran un momento antes de entrar, mientras Gonzalo enciende un cigarrillo.)

Gonzalo: He leído en el periódico que le han regalado una vidriera nueva para la iglesia.

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Tomás: ¡Ya era hora! Han costado más de dos mil quinientos dólares.

Gonzalo: ¿Y quién la regaló?

Tomás: La viuda de Sacramento Jiménez.

Gonzalo: El mejor regalo para la iglesia sería un buen sistema de refrigeración.

(En este momento entran Edith, la esposa de Gonzalo, que viene hablando con el Doctor Bernardo, el médico de la familia. Entran por la puerta del hall.)

Edith: Este año los hemos vacunado contra... Oye, Gonzalo, ¿Qué enfermedad fue aquella que padecieron todos los niños a la vez el año pasado?

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(Violeta interrumpe antes de que conteste Gonzalo.)

Violeta: Alejandro, pon la radio. Para celebrar una fiesta es imprescindible un poco de música.

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Alejandro: Ponla tú.

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Violeta: Ya sabes que yo no sé. Me armo un lío con tantos botones.

(Se entabla una conversación general, de manera que la habitación parezca una jaula de grillos. Nadie se entiende. El único que continúa tranquilo es Alejandro, que no ha perdido su sonrisa. Naturalmente, no hace caso a la petición de Violeta. Al darse cuenta, Edith enciende la radio.)

(Gonzalo se dirige al cura refiriéndose al aparato de radio.)

Gonzalo: Se la regalamos nosotros en el tercer aniversario de su matrimonio.

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(El altavoz de la radio deja oír la voz estridente de una cantante de ópera.)

Federico: ¡Apagad ese maldito aparato!

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(Se hace un silencio que es interrumpido por el parloteo de Marcela que entra en la habitación por el hall.)

Marcela: ¿Dónde está Alejandro?... ¿Dónde está mi hijo?...

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Federico: Será mejor que volváis a poner la radio. Prefiero sus gritos a estos otros.

(Todos ríen la broma. Federico es famoso por sus ataques a Marcela. Ella es, a veces, quien más se ríe de estas impertinencias. El abuelo es demasiado cruel con ella, y para que no se den cuenta de que sufre con sus ataques, ella misma se ríe más que nadie. En esta ocasión, precisamente, pretende estar más alegre que en ninguna otra, porque desea que todo sean risas y alegría alrededor de su esposo.)

(Marcela se dirige a su hijo, Alejandro.)

Marcela: ¡Ah, estás ahí, hijo mío!... ¿Qué es lo que tienes en la mano?... Deja eso, Alejandro... ¡Anda, déjalo!

(Alejandro entrega su vaso a su madre y todos ríen.)

Gonzalo: ¡Y obedece! ¡Es increíble!

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Marcela: La oveja descarriada... El hijo malo... ¡Ven aquí! ¡Dale un beso a tu madre! ¡Mirad, mirad cómo se aparta! No puede sufrir que le besuqueen.

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(Se vuelve a Gonzalo.)

Marcela: ¡Ay! Quitad eso. La radio es un invento insoportable. (Se deja caer en una silla.) ¡Qué tonta! ¿Dónde demonios me he sentado? Esta noche quiero estar cerca de mi marido, para poder flirtear con él.

(Federico la ha estado mirando con ojos atentos y divertido, desde el momento que ha entrado en la habitación.)

Marcela: Querido Doctor, ayúdeme a levantarme. ¡Deme la mano, por favor!

Bernardo: ¿No será alguna de sus bromas, señora Montes?

Marcela: ¿Una broma? Deme la mano y déjese de historias.

(El doctor la alarga la mano y al tirar de ella cae en su regazo. Gran carcajada general. Entre las risas se oye a Marcela.)

Marcela: ¿Han visto nunca algo parecido? ¡Un doctor en brazos de su paciente!

(Marcela es famosa por sus payasadas. Violeta mira la escena indulgentemente, mientras sorbe con tranquilidad un refresco. No deja de mirar a Alejandro mientras bebe. Edith y Gonzalo cambian miradas significativas sobre todo lo que está ocurriendo. Las dos empleadas, atisban desde la escalera esperando la señal para entrar el pastel de cumpleaños y el champagne. Federico no parece divertirse mucho con la escena. Piensa en su enfermedad. No está muy conforme con los informes que ha recibido de la Clínica. Parece adivinar, por la cara del doctor, que éste no le ha dicho lo que pensaba. Por eso está molesto con todo este jolgorio.)

Federico: ¿Quieres estarte quieta de una vez? Eres demasiado vieja para esas payasadas, y además, tienes la tensión muy alta. Te puede dar un ataque en cualquier momento.

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Marcela: ¿Qué me importa la tensión? Hoy sólo tenemos motivos para estar todos muy alegres. ¡Celebramos tu cumpleaños! Hay que divertirse.

(Da unas palmadas.)

(Entran las empleadas con un gran pastel de cumpleaños, botellas de champagne y copas. Las botellas van adornadas con cintas
rojas. Edith y Gonzalo empiezan a cantar el "Happy Birthday"... Todos los presentes continúan la canción, incluidas las empleadas. Únicamente Alejandro permanece al margen de todo esto. Marcela rompe a llorar.)

Federico: ¿Qué te ocurre ahora, Marce?

Edith: Llora de felicidad.

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Marcela: Sí, soy muy feliz. Muy feliz y no puedo ocultarlo.

Edith: ¡Niños, niños; fuera al jardín!

(Marcela se dirige a Alejandro.)

Marcela: Alejandro, ya sabrás la noticia que ha traído el doctor Bernardo sobre la enfermedad de tu padre. Dice que no tiene nada. Ahora es cuando puedo confesaros que yo estaba muerta de miedo.

(Violeta corta la conversación.)

Violeta: Alejandro, creo que ha llegado el momento de que le entregues el regalo a tu padre.

(Al ver la mirada de Alejandro recoge el paquete caprichosamente envuelto y se acerca a su suegro)

Violeta: Papá, aquí tienes el regalo de tu hijo Alejandro.

Marcela: ¡Este año ha sido tu mejor cumpleaños! Además de todos los regalos, has recibido una montaña de telegramas. ¡Todo el mundo te felicita!...

Edith: ¿Qué le has regalado, Alejandro?

Gonzalo: ¡Apuesto a que no tiene ni idea!...

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(Marcela intenta aliviar la tensión entre hermanos.)

Marcela: Lo divertido de los regalos es no saber en qué consisten, hasta que se abren. ¡Ah! Yo adoro los regalos. Anda, ábrelo pronto, abuelo.

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Federico: Toma, hazlo tú misma, Marce. Yo quiero preguntarle una cosa a Alejandro.

(Marcela desenvuelve el regalo nerviosamente.)

Federico: ¡Acércate!

Alejandro: Ya sabes que no puedo andar.

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Federico: Sí, ya lo sé, y precisamente de eso quería hablarte.

(Violeta intentando desviar el asunto, saca de la caja que ha desenvuelto la madre y extiende para que lo vean todos, un hermoso batín de Cachemira.)

Violeta: ¡Mira qué hermoso batín!

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Edith: ¿No lo habías visto antes?

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Violeta: ¿Yo?

Edith: ¡Qué gracia!

(Violeta se vuele hacia ella sonriente.)

Violeta: ¿Qué es lo que te hace gracia? No entiendo lo que quieres decir.

(Federico corta la discusión.)

Federico: ¡Callaros!

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(Edith se enfurece.)

Edith: Me hace gracia que te sorprenda tanto ahora, cuando fuiste tú quien lo compró en la ciudad el sábado pasado...

Violeta: ¿Yo?

Federico: ¡He dicho que os calléis!

Edith: Me lo dijo la dependienta que te lo vendió. Su cuñada ha estado aquí hace un momento y ha comprado un precioso batín para el padre de su marido.

Violeta: ¡Has equivocado tu vocación! En lugar de haberte dedicado a madre de familia, hubieras sido más útil a la humanidad haciéndote agente del F. B. I.

Federico: ¡Callaros de una vez!

(En el silencio se oye la voz del Doctor que termina una explicación que estaba dando a Gonzalo.)

Bernardo: Sí, sí. Los análisis por los colores es un método moderno...

(Se ríe alegremente, pero su risa queda cortada al ver la mirada que le dirige Federico.)

Bernardo: ¡Perdón!

Marcela: ¡Por favor; lo estábamos pasando tan bien!

Federico: Marce, ¿conoces un refrán que dice: "Quien mucho habla, mucho yerra"? ¿Sí? Pues grábatelo bien en la cabeza.

(Pausa larga que es rota únicamente por una carcajada de Violeta, la única que se da cuenta de lo grotesco de la situación.)

(Edith Levanta los brazos haciendo mucho ruido con sus pulseras.)

Edith: ¿Habrá mosquitos esta noche en el jardín?

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Federico: ¿Decía algo la perfecta madre de familia?

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(Sin querer darse cuenta de la ironía de Federico.)

Edith: Sí. He preguntado si nos comerían vivos los mosquitos si fuéramos a tomar el fresco a la galería.

(Federico corta la conversación.)

Federico: Alejandro, me han dicho que la noche pasada hiciste tu reaparición en el Estadio de la Universidad.

(Alejandro lo ignora.)

Marcela: ¡Alejandro, tu padre te está hablando!...

(Alejandro sonríe con su vaso en la mano.)

Alejandro: ¿Eh?...

Federico: Me han dicho que anoche estuviste saltando vallas en el campo de deportes.

Alejandro: A mí también me lo han dicho...

Federico: ¿Se puede saber qué hacías allí a las cuatro de la madrugada? ¿Saltabas vallas o intentabas... asaltar a alguna jovencita?

Marcela: ¡Por favor, Federico. Ahora que no estás grave, no tienes derecho a decir groserías!...

Federico: ¡Cállate, Marce!

Marcela: ...y mucho menos a gastar esas bromas delante de Violeta.

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Federico: ¡He dicho que te calles!

(Todos ríen fuerte dando muestras de un gran nerviosismo. Marcela se acerca, a Edith y le dice algo en voz baja. Alejandro mira a su padre con mirada fría y con su eterna sonrisa en los labios. Esa misma sonrisa con la que hace frente a todas las cosas, como si las estuviera viendo detrás de la pantalla que le proporciona la bebida.)

Edith: Doctor Bernardo, creo que será mejor que vayamos a tomar el fresco al jardín.

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(Le coge del brazo y se lo lleva por la escalera.)

Federico: Contéstame... ¿Qué diablos estabas haciendo allí a las cuatro de la mañana?

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Alejandro: Nada... Intentaba saltar las vallas, pero se conoce que se han vuelto demasiado altas para mí.

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Federico: ¡Y, naturalmente estarías borracho!

(Alejandro ya no sonríe y hace un gesto afirmativo.)

FIN

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 2 "Un Juego Peligroso"

Mensaje por EduLin17Xever el Miér Mayo 07, 2014 11:41 pm

Marcela es tan "X".

Maldita Edith y Federico es único, parece.
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 2 "Un Juego Peligroso"

Mensaje por Aleja Soto el Jue Mayo 08, 2014 2:44 pm

Qué buen capítulo Glous, así como el primero, éste estuvo muy reflexivo e impactante de cierta manera. Ya me intriga cuál es el motivo por el que Alejandro se enfurece con Violeta cuando menciona al tal Pedro. Veo que fue casi que un hermano para Alejandro y murió, pero me pregunto a qué se debe su furia y que tenía que ver Violeta entre la amistad de los dos Shocked

Federico me pareció un patriarca de familia de carácter bastante fuerte. No me gustó la manera en que trató a Marcela, que parece una esposa dedicada.

Y Violeta, siempre tratando de llamar la atención de Alejandro, desnudando su alma y sacando a relucir todos esos sentimientos encontrados que guarda en su interior.

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Re: La Gata Ardiente Capítulo 2 "Un Juego Peligroso"

Mensaje por Gloria el Sáb Mayo 10, 2014 2:39 pm

Ahora entiendo todo, creí que ese rencor que se veía de Alejandro hacia Violeta era por el hecho de que él había fracasada profesionalmente y por eso se había amargado y refugiado en el alcohol y que tal vez no había dejado de querer a Violeta pero quería alejarla de él para no amargarla también, que no la quería arrastrar a su fracaso, pero no, se trata de algo mucho más fuerte y delicado, el tal Pedro, el mejor amigo de Alejandro era gay y Violeta lo descubrió, creyó que su marido andaba con él y ahí se desató todo y empeoró aún más cuando Pedro murió, Alejandro ahora siente culpa de haber perdido a su mejor amigo y como no puede resignarse a esa pérdida le echa la culpa a su esposa, pues piensa que ella lo echó todo a perder, que ella lo ensució todo pero pues también hay que comprenderla a ella, no ha de ser nada fácil descubrir de repente que el mejor amigo de tu pareja es gay, ¿Qué es lo primero que piensa uno? Obvio.

Marcela demasiado abnegada y su marido se aprovecha pero en el fondo no es malo, lástima que ya vaya a morir porque a pesar de todo hacen una linda pareja y se quieren y aún se ven muy jóvenes, unos 50 años cuando mucho? Demasiado joven para morir.

Edith es una bruja
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 2 "Un Juego Peligroso"

Mensaje por Glous el Dom Mayo 11, 2014 6:09 pm

Los motivos pueden ser muchos chicas, aún es pronto pero ambas podéis ir encaminadas, el problema de Alejandro y Violeta no es un simple problema laboral o de entendimiento mutuo, es algo mucho mas grave y oscuro, en cada capítulo vamos a ir descubriendo cosas, lo que esta claro es que Violeta no se ha rendido con su marido, va a luchar, quizás inútilmente pues ya hemos visto la actitud que tiene Alejandro, no sólo con su esposa, si no frente a todos. gracias a las dos por comentar, 1beso fuerte!!  Very Happy
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 2 "Un Juego Peligroso"

Mensaje por EduLin17Xever el Dom Sep 14, 2014 4:29 pm

Jajaja no bueno. Al fin un papel tan diferente para Victoria Ruffo, una matriarca muy alegre y cómica a la vez, tiene lados muy humanos y pegados a la actualidad.

Bueno al parecer Violeta y Alejandro juntos sentí como que la pareja necesita algo que los ponga caliente, digo ella repite lo de Violeta, la gata, osea, un revolcón no les haría mal, pero quien debe mejorar es Alejandro que se me hace mediocre su actitud, pero vamos viendo como le va en el siguiente.

Así que Edith sigue intrigando en contra de Violeta, mmm, ya veo de donde heredo Alejandro su mal humor, de su padre Federico. Bueno era mucho pedir que no llorará mi Vicky Ruffo en el cumpleaños de su pareja, jejeje. El Doctor que hay haciendo?

Me gustó este capítulo tiene diálogos excelentes, el tema musical de "Chicas Malas" de Mónica Naranjo es pegajoso, me recuerda a la de "Emperatriz de Mis Sueños" de la misma cantante. Me entretení y leeré el siguiente. Saludos.Smile
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Re: La Gata Ardiente Capítulo 2 "Un Juego Peligroso"

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